En el cierre de Roadmap Colombia, Tecnología y Finanzas, el evento organizado por Tres Astronautas, la AIC moderó un panel dedicado a una parte del ecosistema que suele quedar fuera de la conversación insurtech: el sector asegurador. Durante 30 minutos, tres de nuestras aseguradoras asociadas (SBS Seguros, Seguros Mundial y Allianz Colombia) pusieron sobre la mesa los retos y oportunidades que hoy definen al sector en materia de finanzas abiertas, diseño de producto, distribución e inclusión. La conversación ocurrió pocos días después del terremoto que golpeó al país, un contexto que atravesó todo el diálogo y recordó, con crudeza, para qué existe el seguro.
Quiénes conversaron
El panel reunió a tres perspectivas complementarias del negocio asegurador (gobierno corporativo, comercio electrónico y transformación estratégica), bajo la moderación de Mathilde Viola, directora ejecutiva de la AIC.
Finanzas abiertas: el seguro no es la banca
La primera discusión abordó las finanzas abiertas, un esquema que dejó de ser una conversación del futuro para convertirse en una realidad regulatoria inminente. Y desde el sector asegurador surgió una advertencia clara: el marco actual está pensado para la banca.
Tal como se planteó en el panel, la regulación tiende a mirar cómo opera la banca y a regular al resto de entidades vigiladas, incluidas las aseguradoras, con esa misma lógica. Pero el seguro consume información distinta, necesita datos distintos de la población y clasifica el riesgo de otra manera. El resultado es que, tal como está diseñado hoy, el esquema empuja a todo el mercado hacia la competencia por precio, algo especialmente problemático en un producto donde lo que importa no es solo la prima, sino la cobertura, los deducibles y las exclusiones.
Los seguros son la sostenibilidad de la economía. Qué bueno poder llegarle a toda la población, y sobre todo a la que más lo necesita.
El punto de fondo, en el que coincidieron los tres panelistas, es el de la reciprocidad de datos. Hoy las aseguradoras están obligadas a compartir información entre entidades vigiladas, pero con esas mismas entidades ya existen canales de distribución establecidos. Lo que realmente habilitaría la inclusión es que terceros no vigilados puedan aportar información a las aseguradoras (movimientos, actividades, comportamientos) que permitan inferir necesidades reales y diseñar producto para quienes hoy no tienen seguro. Como se ilustró en el panel: quien paga colegios probablemente tiene hijos, y quien tiene hijos tiene interés en proteger su vida.
Desde la AIC llevamos tiempo insistiendo en este punto ante la URF y la Superintendencia Financiera: el sector asegurador tiene datos más complejos que los de la banca, y el esquema de finanzas abiertas no puede tratarlo como si fuera lo mismo. La Mesa Legal de la AIC trabaja precisamente en visibilizar esas diferencias dentro del nuevo marco regulatorio.
Producto: menos tecnicismo, más cercanía
Al pasar al diseño de producto, el diagnóstico fue sorprendente: el reto no es tanto crear nuevos seguros como acercar los que ya existen. Colombia cuenta con una gama de producto comparable a la de mercados más desarrollados. El cuello de botella está en dos lugares: los canales de distribución y la experiencia de compra.
Uno de los llamados más contundentes del panel fue el de simplificar el lenguaje del seguro. El sector asegurador abruma al cliente con tecnicismos (RC, deducible, valor asegurado, exclusiones) que en lugar de acercar el producto, lo alejan. Coberturas modulares, lenguaje claro y procesos entendibles fueron señalados como condición para llegar a más personas.
Muchas veces, en vez de vender el seguro, lo alejamos. El reto no es tanto el súper producto: es acercar el seguro a la gente.
Aun así, sí hay espacio para innovar. Se mencionaron los seguros por kilómetro, donde la prima se paga según el uso real del vehículo; los microseguros orientados a poblaciones de menores recursos; los seguros embebidos en la compra de un celular o un electrodoméstico; y los seguros paramétricos, que pagan de forma automática cuando se cumple un parámetro objetivo (por ejemplo, un sismo por encima de determinada magnitud) sin necesidad de que el cliente presente reclamación. En un país que acababa de vivir un terremoto, ese ejemplo dejó de ser hipotético.
Distribución: la aseguradora como plataforma tecnológica
El tercer eje giró en torno a la distribución y las alianzas. La idea que emergió con más fuerza fue la de la aseguradora que se piensa a sí misma menos como aseguradora y más como empresa de tecnología: poner la infraestructura por detrás para que terceros con grandes comunidades sean quienes vendan.
Los ejemplos fueron concretos. Integraciones vía API con aliados digitales, micrositios de marca compartida para aliados sin desarrollo tecnológico propio, portales transaccionales para intermediarios. El objetivo detrás de todo es uno: capilaridad, llegar a clientes que la aseguradora no alcanzaría por sí sola. Se compartió incluso el caso de un aliado digital que en un mes vendió más que el propio canal de e-commerce de la aseguradora, impulsado por productos embebidos en un ecosistema de crédito.
A veces me quito la camiseta de aseguradora y me vuelvo una empresa de tecnología: le facilito la vida a los aliados para que ellos vendan.
Aquí apareció el reconocimiento más honesto del panel, y también la oportunidad más clara para el ecosistema insurtech: las aseguradoras admitieron que no siempre son expertas en tecnología, y que las insurtech y fintech están en la calle observando qué datos traer, cómo se mueve el mercado y cómo conectar la oferta con la demanda. Ahí es donde el ecosistema conecta: cuando una insurtech le dice a la aseguradora "te conecto A con B y tú solo pones el producto", empieza a construirse un verdadero ecosistema de valor compartido.
El seguro como herramienta de inclusión
La conclusión del panel recogió una idea que la AIC viene defendiendo con insistencia: cuando hablamos de inclusión financiera, casi siempre pensamos en crédito y en cuentas de ahorro, pero rara vez en seguros. Y sin embargo, cuando llega la catástrofe, un terremoto o una inundación, es el seguro el que protege y el que permite que una sociedad sea resiliente.
Con un mercado asegurador que aún representa cerca del 3,3% del PIB, la brecha de protección sigue siendo enorme, y con ella la oportunidad. Por eso, cuando la URF publicó sus recomendaciones sobre el uso de open data para la inclusión crediticia, lo primero que hizo la AIC fue enviar comentarios preguntando por qué no se estaba hablando también de seguros.
El mensaje de fondo es uno con el que en la AIC coincidimos plenamente: el seguro no es un apéndice del sistema financiero, es parte fundamental de la base de la economía. Tiene que estar en las conversaciones de inclusión, en el diseño regulatorio de finanzas abiertas y en cada nuevo canal digital que se construya. Ese es, precisamente, el espacio que la AIC existe para abrir.