En el panel «Construyendo el ecosistema de finanzas abiertas» del Congreso Internacional Seguros para el Desarrollo Sostenible 2026, tres voces del más alto nivel, el regulador, la unidad que diseña la norma y la industria, coincidieron en una idea que vale la pena subrayar: el Decreto 368 de 2026 no es un punto de llegada, sino el primer peldaño de un proceso largo. Y el éxito de ese proceso no dependerá de la tecnología, sino de la confianza, la gobernanza del dato y la participación de todos los actores del ecosistema. Desde AIC recogemos las conclusiones del panel y las leemos a la luz de lo que significan para el sector insurtech colombiano.
Quiénes conversaron
El panel reunió a quienes están escribiendo, cada uno desde su rol, las reglas de las finanzas abiertas en Colombia:
Finanzas abiertas: competir con información, no sobre ella
El Superintendente César Ferrari abordó las finanzas abiertas desde su lógica económica de fondo. Su argumento: la competencia real necesita tres atributos, entrada y salida libre de los agentes al mercado, precios libres y, el que faltaba, información libre y simétrica. Las finanzas abiertas apuntan precisamente a cerrar esa asimetría.
«Si alguien le ofrece un seguro a una persona por cierta prima, el competidor que sabe lo que se le está ofreciendo, porque las finanzas son abiertas, puede ofrecerle el mismo seguro con un mejor valor. Eso se llama competencia, y la competencia produce reducción de precios y mejores productos.»
Ferrari también advirtió sobre una particularidad del sector: mientras la banca ya tiene buena parte de su información canalizada, los seguros parten de una infraestructura tecnológica distinta, lo que exige mecanismos que permitan poner a todos los agentes del mercado en igualdad de condiciones. Y ubicó el decreto de finanzas abiertas dentro de una agenda regulatoria más amplia (supervisión digital, revisión de la medición de riesgo de crédito y modernización de las circulares básicas) construida, según insistió, en diálogo técnico con el sector.
Riesgo climático: un nuevo insumo para medir el riesgo
Uno de los puntos más reveladores del panel fue cómo el riesgo climático dejó de ser una preocupación abstracta para volverse un insumo concreto de la supervisión. Ferrari relató cómo la observación de fenómenos como los incendios en zonas de páramo y bosque lo llevó a una conclusión de política: esos riesgos ambientales terminan afectando el riesgo de crédito y, por tanto, deben incorporarse a la forma en que se mide.
La medición de riesgo de crédito se actualiza para incorporar riesgo climático, riesgo de infraestructura social y otros riesgos emergentes. Un cambio que conecta directamente con la agenda de seguros para el desarrollo sostenible y abre espacio a productos como los seguros paramétricos.
Para el sector asegurador este giro es doblemente relevante: no solo reconoce que el clima es un factor material de riesgo, sino que valida el papel de los seguros y de la innovación insurtech como herramienta de gestión y transferencia de ese riesgo hacia los segmentos hoy desprotegidos.
De open finance a open data: inclusión con métricas
La Directora de la URF, Larisa Caruso, situó el decreto en su justa dimensión: es un hito, pero apenas el comienzo de un camino gradual. El siguiente paso de las finanzas abiertas hacia un escenario de datos abiertos (open data) plantea un reto regulatorio que desborda al propio sector financiero.
«Estamos en el primer escalón, que es Open Data. Hay tres elementos que definirán el modelo: los estándares técnicos y operativos, la gobernanza a través del consentimiento informado del usuario que siempre debe estar en el centro y la incorporación de nuevos sectores más allá del financiero.»
La URF subrayó que el estatuto financiero es hoy el sector más avanzado, pero que el verdadero valor aparece cuando se suman datos de salud, tributarios y de otros sectores con niveles de supervisión distintos, un desafío de gobernanza y seguridad que será constante.
Desde la industria, Pilar Cabrera Portilla, de Bancolombia, aportó la mirada práctica: lo decisivo será cómo se construyen los estándares de información, y ese proceso que arrancó bien, de forma segmentada por industrias tiene que reconocer las particularidades de cada sector. En seguros, señaló, el contacto con el cliente suele ser indirecto, a través de terceros, lo que hace especialmente importante diseñar estándares que reflejen esa realidad.
«Los casos de uso tienen que tener métricas. En la medida en que se pueda medir el impacto, si una regulación o un caso de uso fue efectivo, es cuando mejor podremos aprovechar este tipo de políticas públicas. Hacia allá está la solución para crecer la inclusión.»
Cabrera insistió en partir de casos de uso concretos antes que de grandes construcciones que quedan en el papel, y en aprovechar los espacios de prueba (sandbox) previstos en el decreto. Su punto de cierre fue una invitación al sector a mirar la oportunidad desde el consumidor: entender qué necesitan realmente los clientes (seguros masivos, paramétricos) para diseñar la propuesta correcta.
Lo que se juega el ecosistema
Al cierre, los panelistas coincidieron en tres condiciones para que las finanzas abiertas cumplan su promesa:
Ferrari cerró con la idea de que el resultado más valioso será una mayor confianza en el sistema financiero. La URF apuntó a duplicar el acceso en los segmentos hoy excluidos como métrica de éxito. Y Cabrera recordó que la competencia no está en tener la información, sino en ser capaz de hacer cosas con ella: mejores productos, mejores decisiones, mejores experiencias para el cliente.
La lectura de AIC
Desde la Asociación Insurtech Colombia, este panel confirma varias de nuestras tesis sobre el esquema de datos abiertos y su implementación:
Primero, la construcción de estándares es la batalla clave. Como señaló la industria en el panel, el diseño técnico segmentado por sectores determinará si el esquema realmente sirve al asegurador o si lo obliga a encajar en una lógica bancaria que no lo representa. AIC ha defendido, y seguirá haciéndolo, una participación activa del sector en la definición de esos estándares y en las estructuras de gobernanza del esquema.
Segundo, la inclusión se demuestra con métricas, no con enunciados. Coincidimos plenamente en partir de casos de uso medibles. Sin indicadores de impacto claros, el open data corre el riesgo de traducirse en grandes inversiones sin efecto real sobre la inclusión.
Tercero, el sector asegurador ya sabe compartir información. Existen mecanismos sectoriales que llevan tiempo funcionando; la tarea ahora es interconectarlos con la nueva arquitectura para ofrecer mejores productos, sin duplicar infraestructura ni desperdiciar lo construido. Ahí la innovación insurtech tiene mucho que aportar.
Finanzas abiertas, riesgo climático como insumo de decisión e inclusión con métricas no son tres conversaciones separadas: son la misma agenda. Y el sector insurtech es, por diseño, el actor mejor posicionado para conectarlas.